La Crin blanca

El príncipe Joaquín adoraba montar a caballo. Todas las mañanas salia para cabalgar durante varias horas. Tenia un caballo favorito llamado Bonachón, que era tan mayor que su crin ya era blanca y se cansaba con facilidad, pero a pesar de todo Joaquín lo quería mucho.

En una ocasión en que salieron a pasear juntos, Bonachón tropezó, se cayo y se rompió una pata. Joaquín logro llevarlo a palacio donde se preocupo de vendársela y curarlo, aunque quedo aquejado de una cojera que le impedía salir de los establos.

-Tenemos que sacrificar a ese caballo -dijo un día el rey-. No sirve para nada y cuesta dinero mantenerlo.

Pero el príncipe Joaquin no quiso hablar de ello. Cuido a Bonachón y lo mantuvo con su propio dinero todos los días de su vida, y cuando al final murió, muy anciano ya, recordó para siempre los buenos momentos que pasaron juntos.

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