La isla de las piedras preciosas

La tierra de Pedralbarás era tan rica que todo estaba lleno de piedras preciosas. Las montañas, los ríos, los prados…hasta los gusanos nacían con una piedra preciosa incrustada. Su localización era el secreto mejor guardado del mundo, ya que si la descubrían los cazadores de tesoros la arrasarían en cuestión de días.

Marina era una aventurera que llego allí por casualidad. Buscaba lugares exóticos y sitios sin descubrir y apareció en Pedralbarás. En cuanto se dio cuenta de la riqueza que había en esa tierra, pensó en llevarse todas las piedras preciosas que pudiera cargar y en hablar de aquel lugar a todo el que conociera para que supiera de su existencia.

Sin embargo, antes de partir, cuando Marina tenia los bolsillos repletos de joyas, conoció a los nativos de Pedralbarás. Era un pueblo sencillo e ingenuo que desconocía el valor de las piedras preciosas. Todos sus miembros vivían en paz y armonía.

Marina pensó que, si revelaba el secreto de aquel lugar, los nativos se verían explotados por la codicia de los conquistadores, de modo que devolvió todas las piedras preciosas a su lugar y juró no hablar jamas a nadie de lo que había visto.

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